+ INFO CASA EN EL BOSQUE
MEMORIA
La Casa en el Bosque, ubicada en el sector de Monteserrín, en la ciudad de Quito, se implanta alrededor de un bosque de acacias y eucaliptos, adaptándose a la topografía natural del lote y respetando la naturaleza a su alrededor. Desde su concepción, el objetivo fue diseñar una vivienda que no solo satisficiera las necesidades de una joven familia con dos hijos pequeños, sino que también equilibrara sus sentidos y relajara su mente, convirtiéndose en un espacio inspirador.
La relación con la naturaleza fue el punto de partida para el diseño. Desde el inicio se priorizó la preservación de todos los elementos naturales existentes, dando lugar a una arquitectura que convive en armonía con el entorno. El bosque, que alberga varias especies de aves y fauna, abraza la vivienda, brindándole protección frente a los vientos del valle. Esta integración no se limita al exterior, ya que en su interior se incorporan elementos arquitectónicos en hormigón visto, inspirados en las formas orgánicas del bosque, que permiten espacios y recorridos más fluidos.
Los visitantes son recibidos por un muro de piedra que serpentea suavemente, guiándolos hacia el acceso peatonal, donde dos acacias atraviesan la losa que lo cubre. Al abrir la puerta, aparece un exuberante jardín y, al fondo, la vivienda. Las escaleras fluyen con la pendiente natural e invitan a descender hasta la entrada principal. En la planta baja se ubican las áreas sociales: hall con el piano, sala-comedor a doble altura y cocina, integradas con el porche exterior cubierto, el jardín y el bosque. En la segunda planta están los dormitorios, con vistas panorámicas, y dos espacios versátiles que se conectan a la doble altura mediante puertas corredizas. Esta área se ilumina cenitalmente a través de una losa de hormigón visto que desciende, permitiendo el ingreso de luz natural y enriqueciendo la experiencia espacial. La tercera planta alberga los servicios y el estacionamiento.
La luz natural, la circulación fluida y la conexión visual con la naturaleza son constantes en todo el proyecto, dando lugar a espacios que enriquecen la vida de quienes los habitan, transformando la arquitectura en una experiencia para los sentidos.
La relación con la naturaleza fue el punto de partida para el diseño. Desde el inicio se priorizó la preservación de todos los elementos naturales existentes, dando lugar a una arquitectura que convive en armonía con el entorno. El bosque, que alberga varias especies de aves y fauna, abraza la vivienda, brindándole protección frente a los vientos del valle. Esta integración no se limita al exterior, ya que en su interior se incorporan elementos arquitectónicos en hormigón visto, inspirados en las formas orgánicas del bosque, que permiten espacios y recorridos más fluidos.
Los visitantes son recibidos por un muro de piedra que serpentea suavemente, guiándolos hacia el acceso peatonal, donde dos acacias atraviesan la losa que lo cubre. Al abrir la puerta, aparece un exuberante jardín y, al fondo, la vivienda. Las escaleras fluyen con la pendiente natural e invitan a descender hasta la entrada principal. En la planta baja se ubican las áreas sociales: hall con el piano, sala-comedor a doble altura y cocina, integradas con el porche exterior cubierto, el jardín y el bosque. En la segunda planta están los dormitorios, con vistas panorámicas, y dos espacios versátiles que se conectan a la doble altura mediante puertas corredizas. Esta área se ilumina cenitalmente a través de una losa de hormigón visto que desciende, permitiendo el ingreso de luz natural y enriqueciendo la experiencia espacial. La tercera planta alberga los servicios y el estacionamiento.
La luz natural, la circulación fluida y la conexión visual con la naturaleza son constantes en todo el proyecto, dando lugar a espacios que enriquecen la vida de quienes los habitan, transformando la arquitectura en una experiencia para los sentidos.